Este post podría llevar muchos títulos: “¿Es posible llorar de emoción cuando uno prueba una comida deliciosa?”, u “Orgasmos gastronómicos:¿mito o realidad?”, o “No me hablen, estoy comiendo en La Birra”. Cualquier título, sin embargo, se queda corto.

Recién llegada de USA, donde comí al menos 10 burgers distintas, me encontré para mi sorpresa con la mejor hamburguesa de mi vida… ¡EN BOEDO!

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Cualquier lector de este blog o seguidor de mis redes sabe que tengo una predilección particular por las hamburguesas, ese alimento noble y sencillo que ofrece tantas variantes y versiones: de carne, de pollo, de lentejas; al plato o en sánguche; en pan casero, en pan de panadería, en pan de supermercado; con agregados gourmet (cebolla caramelizada, brie, tomate seco, hongos salteados); con agregados sencillos (queso, tomate, lechuga, huevo). Las posibilidades son infinitas. Así y todo, lograr una hamburguesa SUPERIOR no es tarea fácil, sobre todo en Argentina. Vaya a saber uno por qué, las escuelas de cocina y cocineros argentinos se empeñan en condimentar la hamburguesa igual que la albóndiga y en amasarla hasta el cansancio. Este proceso cambia la textura y sabor del producto hasta que deja de ser un verdadero medallón de carne para hamburguesa. A lo sumo se convierte en una deliciosa albóndiga entre dos panes, mas no es una hamburguesa.

El burger boom en Argentina no garantizó, lamentablemente, que los gastronómicos se dedicasen a perseguir LA verdadera hamburguesa; una con técnica impecable, productos de primera, conceptualmente infalible y deliciosa al paladar.

Hasta que apareció LA BIRRA

La Birra es un pequeño local en Boedo que “no nos dice nada” desde afuera. Pareciera un café o, por el nombre, quizá una cervecería artesanal. Después de las increíbles reseñas de grandes blogueros hamburgueseros (mención especial para mi amigo BurgrKid, ¡visiten su canal de Youtube!), supe que este lugar sería una parada obligada para una gorda foodie como yo.

Las expectativas eran altas. Muy altas. Altísimas. No tuve otra opción que ir un sábado, el peor día. La Birra solo abre al mediodía y el sábado es el único día viable para mucha gente que en la semana trabaja. Al llegar, veo una cola de varios metros. “¡Qué garrón!” pensé, sí. Pero también es una excelente señal. “¿30 personas dispuestas a esperar 1:30 h por una hambrguesa? Acá hay algo grosso” me dije.

Elegimos pedir para llevar y comer en el auto porqueANSIEDAD. El pedido salió en unos 20 o 30 minutos. Decidí hacerle honor a mi amigo y ordené una BurgrKid. Se trata de una hamburguesa doble carne con cheddar, panceta y cebolla crispy.

Lo primero que quiero decir es que TODAS las hamburguesas de La Birra salen como la de la foto, o mejor. Todas. Todas perfectas, impecablemente armadas, con aspecto de cuadro de pintor con triglicéridos altos. Al verla, la sensación que primero me arrebata es “¡Ah no, no!”, seguida de otro “ah, no no”. Y así unos 2’. Tan perfecta, no sabía por dónde atacarla. No quería desarmarla.

Hasta que le hinqué el diente. Y ahí entendí todo. Cada componente es CRUCIAL para el éxito final de la hamburguesa. Todos complotan para ofrecerte una fiesta en cada bocado.

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Vamos por partes:

EL PAN: Hecho por ellos, ligeramente tostado adentro en el momento del armado. Un hermoso brioche alto con suficiente densidad para aguantar los jugos de la carne pero suave y esponjoso al mismo tiempo. Se destaca un gustito a manteca maravilloso y dulzón, que contrarresta lo salado del resto de los componentes. Ingrediente muy subestimado el pan, es el 50% de la hamburguesa. Acá sin dudas lo saben y le dedican el tiempo suficiente para que se luzca.

EL QUESO: Cheddar perfectamente derretido, cremoso. Todos nos preguntamos, ¿qué marca será?, dado que los del supermercado nunca nos dejan del todo satisfechos. Otro punto importante es que tiene la cantidad justa: ni escatiman en queso, ni lo rebalsan. Este tipo de cheddar puede resultar pastoso si se coloca en demasía. Acá está perfecto.

LA PANCETA: De excelente calidad, bien dorada y abundante, algo gruesita.

LA CEBOLLA CRISPY: Pequeños hilos de cebolla fritos que suman algo crocante para cerrar el bocado y aportan TEXTURA, rasgo muchas veces olvidado pero sumamente importante. Si no encontrás algo que quiebre la cremosidad, te vas a “empalagar” rápido. Mil puntos para esta cebollita.

LA CARNE: La dejé para el final porque es lo más difícil de lograr y ellos han hecho una magia tremenda. Experimentaron con diversos cortes de carne hasta lograr el blend perfecto que, para brillar, solo necesita sal y pimienta al momento de la cocción. Tan deliciosa de por sí es la carne que no le hace falta nada más. Imaginate el asado más rico de tu vida, la carne más tierna y sabrosa, convertida en medallón para hamburguesa. Otra cosa es que -¡por fin acá!- la sirven rosita, el famoso medium rare que tanto se usa en otros países. Eso permite que se luzca la calidad y gusto supremo de la carne. Y los jugos. Oh, los jugos. Es la hamburguesa más jugosa que he probado.

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Tuve que acercarme a Dani y Renzo, alma maters de La Birra, para abrazarlos y felicitarlos. Se nota el empeño, el cuidado, la atención al detalle, la pasión, y el AMOR puesto al servicio de ofrecer la mejor hamburguesa. El almuerzo se cierra con un delicioso café (cremoso y algo dulce, incluso sin agregarle azúcar) y una amena charla con los chicos. Y ahí termino de entender por qué comí como comí. Acá no da lo mismo ofrecer cualquier cosa con tal de vender. De hecho, acá vender no es la prioridad. El interés número uno es seguir superándose día a día para que el producto sea cada vez mejor.

En fin, comer en La Birra es una de esas experiencias intransferibles que tienen que vivir ustedes mismos para entender. Vayan, y después me cuentan.

 
 
LA BIRRA BAR- COFFEE AND FOOD
San Juan 4359
Boedo, CABA
Solo al mediodia

3 comments on ““Viajé a la meca de las hamburguesas en búsqueda de la mejor, sin saber que la encontraría en Boedo”.”

  1. Escribiste TODAS las sensaciones que tengo cada vez que voy a “La Birra”. Gracias por dejarlas plasmadas. He llegado a esperar más de una hora pero no importa nada. Vale la pena cada segundo. Estos pibes marcaron la diferencia y estoy sumamente agradecido.

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