Tenía ganas de conocer iLatina desde su apertura; las circunstancias de la vida hicieron que pueda ir recién hoy. Con muchas expectativas me entregué al menú de 10 etapas con maridaje de vinos que Santiago Macías Acuña y su equipo diseñaron. Y pasé una noche maravillosa.

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iLatina es un restaurant a puertas cerradas ubicado en Villa Crespo, dedicado a la cocina caribeña y latinoamericana, que intenta preservar los sabores auténticos de estas regiones al mismo tiempo que les da una vuelta de tuerca de autor. Quién mejor que un colombiano para adentrarnos en este mundo de sabores-muchas veces- desconocidos.

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Desde que uno traspasa las rejas de la hermosa casona, tiene la sensación de que hasta el más mínimo detalle ha sido pensado para perfeccionar la velada: desde la música caribeña hasta los servilleteros de plata. Si hay algo que destaca desde el principio es la impecable atención en la sala. Otro punto importante que se roba la noche es el protagonismo rotundo de la cocina abierta, que permite que uno observe cómo se mueven los cocineros en el ”detrás de escena” (aunque aquí seria ¿delante de escena?). Es muy interesante ver cómo los cocineros emplatan juntos, de a dos o tres personas, la salida de cada comanda. Un verdadero trabajo en equipo en donde se confía plenamente en el otro.

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La panera resulta una manera muy promisoria de comenzar el menú, porque esta no es una panera cualquiera: pan de banana, chipá, pan de coco, pan con semillas, focaccia de olivas mendocinas, y una manteca saborizada con lima y pimienta absolutamente deliciosa. Fue imposible no devorarla entera, aun sabiendo que tenía mucha comida por delante.

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El aperitivo fue una arepa de maíz anisada con hogao, una salsa de tomate y cebolla entre dulzona y salada condimentada con achiote, típica de Colombia. Deliciosa. Solo me comí una, pero hubiera pedido 100 para llevarme a casa, junto con un frasco del hogao.

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El primer paso fue un pato confitado al tamarindo con ensalada de quinoa y patacón. La presentación de este plato me pareció impecable y original. Hacía mucho tiempo que no comía pato y me resultó fuerte, pero creo que se debe a que hace poco que volví a comer carme y aun mi paladar no está del todo acostumbrado.

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El segundo paso fueron unos langostinos caramelizados con piña picante e hinojo. Oh, qué buen kick tenía esa piña picante. Inesperada la textura del hinojo, que me llevó hacia un sabor arrepollado.  Muy interesante la combinación de sabores, y muy especial el maridaje con el vino torrontés que nos ofrecieron, que era súper frutado. Sin duda el maridaje que más disfruté.

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El tercer paso fue el ceviche preparado al estilo de Barú, con pesca de temporada, mango biche,  coco y lychee. Este es el plato que hará que todos los ceviches que coma a partir de ahora sientan vergüenza. La sutileza y dulzor el lychee, lo aromático del coco, la suavidad del pescado… una combinación que hizo que este plato sea mi favorito de todo el menú. Primero comí el pescado, intercalándolo con los cubitos de batata de la derecha; luego tomé la leche de tigre (ufff, deliciosa) y terminé con la cuchara de mango biche (mango verde con sal y limón). Inolvidable.

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El cuarto paso fue un chupe peruano con pulpo grillado. La versión de iLatina era inesperadamente picante en boca al final, con calor más que con picor avasallante. El pulpo había sido cocido dos veces, hervido y grillado hasta casi alcanzar un punto acaramelado. Ese pulpo tenía una textura perfecta, tan difícil de lograr en general por la mayoría de los restaurants.

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El quinto paso fue una bondiola con café colombiano y panela, emulsión de palmitos y vegetales grillados. Esta es la clase de carne que amo: la que se corta con cuchara. Además de hermoso, el plato me resultó sumamente original, con ingredientes que no se combinan frecuentemente con cerdo (café, panela, palmito). Luego hablamos con Macías Acuña, quien nos explicó el extenso proceso de cocción al que someten la bondiola. Todo ese tiempo y trabajo bien valen la pena.

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Antes del sexto paso nos trajeron unas esferas de sorbete de mojito con menta para limpiar el paladar de la intensidad del plato anterior. Luego, como sexto paso entonces, degustamos unas trufas de cacao ecuatoriano con escamas de sal marina de la Patagonia, y aceite de oliva. Aquellos que no hayan probado la combinación “chocolate + oliva” tienen que hacerlo urgente. La trufa era cremosa y delicada, y el aceite muy fresco y frutado. Acertada transición.

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El séptimo paso, el postre, fue un helado de aguacate y aguardiente, con emulsión de aguacate y pochoclos especiados con canela. Ese pochoclo será replicado en casa, me encantó. Nunca había comido helado de palta, y ahora entiendo porque los veganos la usan tanto para reemplazar a la crema en mousses y helados: es perfectamente untuosa y aterciopelada.

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El final de la noche fue café colombiano al estilo campesino, con cardamomo y canela. No tomo café regularmente y este me resulto sorpresivamente liviano, más como una infusión, lo cual me encantó. Para terminar, petit fours: macarrons de café, bocado de maracuyá, galletas de jengibre y mi preferido: una masita de manteca con lavanda. Inesperada y deliciosa combinación.

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Recomiendo enérgicamente que acompañes la cena con la degustación de vinos;  he probado algunos de los mejores vinos boutique de mi vida aquí, perfectamente elegidos para el plato correspondiente.

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Cenar el iLatina propone una velada donde la comida es la protagonista indiscutible, con toda la calidez de un grupo humano que se nota ama lo que hace. Si te gusta comer, si sos curioso, no dejes de acercarte a iLatina porque además de comer bien vas a aprender mucho.

iLatina
Murillo 725, Buenos Aires
+54 11 4857-9095
http://ilatinabuenosaires.com/en/

 

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