Rico como un cheesecake, liviano como una torta de ricotta, este budín tiene lo mejor de ambos mundos, sin ningún paso complicado. El relleno es cremoso y cítrico, color caramelo debido al azúcar mascabo; la masa se deshace en la boca, y la fruta aporta un toque de frescura. Me basé en un postre que comí en el café Florencio de Buenos Aires para la receta, y hoy te la traigo para que la disfrutes con el té -o con unos buenos mates, en mi caso.

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Ingredientes (para una budinera de aprox 25×5 cm)

Base
150 gr. de harina 0000
60 gr. de manteca
pizca de sal
1 cda. de azúcar mascabo
 
Relleno
400 gr de ricotta
150 gr. de queso crema
100 gr. de azúcar mascabo
2 huevos de campo
Ralladura de 1 limón
 
Cubierta
1 cajita de arándanos
2 cucharadas de mermelada de frambuesas
 

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Preparación

Colocar todos los ingredientes de la base en un bol. Romper la manteca con las manos hasta lograr una textura como de arena mojada. Forrar la budinera aplastando la masa con las manos en la parte inferior del molde, y extenderla subiendo por los bordes. Guardar en la heladera hasta el momento de usar.

Por otro lado, batir la ricotta en un bol (en lo posible con batidora eléctrica) durante 10 minutos. Incorporar la ralladura de limón, el azúcar, el queso crema y los huevos. Continuar batiendo hasta incorporar por completo. Colocar en la budinera. Esparcir a lo largo las cucharadas de mermelada y los arándanos frescos. Cocinar en un horno precalentado a 160° durante 1 hora y 30 minutos. El centro del budín todavía debe quedar blando cuando cortes la cocción. Dejar enfriar dentro del horno apagado.

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*Toda la mantelería es gentileza de Ay Fidela! www.ayfidela.com

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